Trabajamos la luz, el trazo
lo que demora la imagen al ojo,
el ojo a la mano.
El Bosquejo del amor, diríamos.
lo que demoramos en gastar los zapatos,
la cifra en las nubes para saber
que será de los amigos, ¿no?.
nadie daría un peso por nostros,
estabamos irremisiblemente perdidos,
perdidos, pero juntos.
escuchabamos a lo lejos el tierno
trueno del destino
azotar la tierra mientras leíamos
poesía sudamericana.
Fue entonces que entendimos que había
que escribir para ser dignos,
fue sólo entonces que
comenzaron las despedidas...
una postal del amor sudamericano.
domingo 24 de agosto de 2008
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3 comentarios:
Mi buen amigo. Faltó algo, según mi criterio, por agregar. Pero es suficiente con que se diga aquí y qede sólo como un comentario... Trabajamos además, mi buen amigo, el como entender, el como tener por ciencia empírica, que a pesar de la lejanía, nunca, nunca, estaríamos distanciados. La despedida, entonces, no es más que entramparse en la quizás amarga cuenta, que un paso, a veces, es la diferencia entre caer o no al precipicio... Aunqeue cuidado, la depedida puede ser tambien, sin lugar a dudas, sólo una oportunidad unica para dar los abrazos tan apretados, como nunca sólo por el cariño que sentías pudiste dar un día cualquiera.
Un saludo buen Solona
Hace poco que vengo conociendo tu pintoresco rincón virtual, te felicito...
Tus palabras, como tantos otros enunciados que se dicen llamar poesía, me deja sin palabras: quita el aliento y enturbia la razón. Sencillamente espectacular
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