miércoles 19 de mayo de 2010

una consulta

Existe una alameda, allá donde me quedo en las semanas, una extensa arboleda que cubre una extensión un poco menor al kilometro. Entre esa casa que me acoge y el camino a mi trabajo hay parcelas con cultivos, con maleza, con animales en ocasiones, terrenos abandonados en la semana con casas pedestres para sobrevivir al látigo del verano de Santa Juana, para distraerse y soñar con la jubilación los fines de semana. El tema es el siguiente, y no es nada extraordinario, la verdad ¿qué hemos visto que no haya sido extraordinario? Mi duda surge en el momento en que debo transmitir la escena que les relataré, siempre de forma fallida.
¿Cómo puedo contar esta escena, cómo será más completa o más intensa?, esa es la pregunta que me hago, un evento que pudo ser anónimo y sin embargo no lo fue y yo lo poseo o él me posee. No he podido quitarlo de mi mente y el sueño fue el último territorio al cual llegó. Está preguntando, pujando por unas palabras que se resistían, que prudentes esperaban un mejor reflejo para tal empresa. Era de mañana y debía ir a mi trabajo, todas las mañanas tomo la bicicleta y recorro esa alameda a riesgo de congelarme con la brisa gélida de las mañanas y la neblina usual en esos pagos. El año pasado, en una de esas jornadas anónimas y solitarias en el campo, entre la casa y el colegio, me topé casi de frente con una caballo blanco, muy grueso, casi un percherón, diríamos. Un animal que perturbaba mi sueño en la madrugada con sus relinchos y la violenta coz que daba en las tablas del cerco que lo restringía.
Iba en bicicleta cuando me topé con este hermoso animal, y para colmo, como si su sola belleza no bastara, en la bruma de la mañana, en su lomo: un ganso. Sí, Un ganso, en el lomo del caballo. Una comunión que se vio interrumpida por mi paso en el pedregoso camino. Sonidos que hicieron volar, y volar es sólo una forma de referirlo, todos sabemos que aquellas aves no vuelan, sin embargo esa mañana un ganso voló del lomo de un caballo mientras iba en bicicleta hacia el colegio en que trabajo. ¿Cómo podré referir este hecho? Esa fue la primera pregunta que me hice, la verdad es que la primera pregunta que me hice, fue: ¿es real esto o estoy aún en la vigilia? Pero descarto esta opción de plano, fue real, suficientemente real para pensar en cómo relatarlo. En imágenes o palabras, la poesía o la prosa o el olvido
Este es el asunto, esta es la duda: hay eventos que luchan por un retrato, hay eventos que serán borrados de la memoria humana, y sin embargo ocurrieron tan cierto como es posible; qué hacer con ellos, dónde llevarlos, es que acaso cada gesto busca también su género, su raíz posible que la salve.
Solo una petición para el final, denle ustedes un marco a esta escena. ¿Qué harían ustedes?
¿Han tenido esa estúpida sensación de qué asir lo que se pierde es una responsabilidad ineludible? Hoy es un ganso en el lomo del caballo, luego asuntos de otra índole. Nada que vuele en todo caso.

1 comentarios:

felipefuentealba dijo...

Yo, a veces, creo que cada experiencia produce en nosotros algo, no conceptual, no ordenado, y que sólo puede salir de vuelta a lo real bajo cierta forma, que llamamos artística. Y si puede salir, con éxito, bajo esa forma, luego, no puede ser trasladado, sin deteriorarla, a otra disciplinca. eso es lo que pienso. Amén, hermano,