Cuando pasen las ansias de vivirlo todo y dejen todos de luchar por escribir el poema de la generación, el último gran poema de la última generación, alguien habrá dejado su vida de lado por algo real, alguien habrá escrito como pedía Hemingway: algo honesto, al menos una palabra honesta por día. ¿Alguien detendrá un misil con sus manos si es necesario?, ¿alguien quemará su casa o prenderá fuego a su cigarro en la oscuridad? Hay emociones estándar que ningún discurso atravesará, es raro pensarlo, pero ningún nuevo lenguaje inventará nuevas sensaciones, sólo nuevas formas de referirlo y vivenciarlo, quizás. Es probable que algunos niños lloraran con la muerte de su tamagochi, tras días sin alimentarlo, pero sintieron la muerte, la referencia cambia, los pelos se ponen de punta igual.
Así, sencillo, buscaremos nuevas formas, pero tendremos que volver. A la nueva poesía chilena le falta locura, me dijo un poeta este fin de semana, le falta vuelo y la búsqueda de nuevas formas, dijo. Puedo estar de acuerdo con él en ciertos aspectos, el riesgo es sólo formal en algunos casos, no se sostiene en la práctica del día a día, pero no es tan sólo por falta de locura, es también por la falta de verdad, de belleza, de sacrificio. Crecimos ignorando estas categorías por miedo a la culpa cristiana, por miedo a la vanguardia a la que aspiramos inútilmente, por miedo a la deforme capacidad de definir las cosas sin sonar al irrestricto, al fanático y al fascista. Yo no sé como son leídas estas categorías ahora, pero se como las vivo, y lo mejor es que no estoy solo. Los artistas no obedecen a la categorización o simplificación, apartan su visión de la norma, es por eso que obras como “El gran Torino” de Eastwood o, en las antípodas, y un par de años antes, la obra “el sacrificio” de Andrei Tarkovski pueden revitalizar esta palabra: sacrificio.
El ruso hace una obra alegórica profundamente reflexiva, que finaliza con un hombre sacrificando sus bienes por el bien futuro del hombre (en la escena final el protagonista despierta e inmediatamente después de comprobar que todo está en la más completa normalidad quema su hogar por la palabra empeñada mientras dormía) por un sueño que pudo no ser más que fruto de su senilidad o su viva imaginación, pero lo hace. O Eastwood que propone una alegoría más política, y que reivindica su pasado como Harry el sucio, al imaginar su barrio como una nueva América que se acomoda y crece gracias al sacrificio del octogenario vecino rudo y tosco ex-soldado de la guerra de corea, que ahora se lleva de maravillas, mejor incluso que con sus propios hijos, con una tribu muy conservadora de Asia. Y es su vecino el que termina conduciendo ese Ford Torino, clásico auto norteamericano y no su nieta en la escena final de este peliculón.
La idea es esta; escribe de una sensación, cuál sea, que haya atravesado tus días con real peso y lentitud tras esta pregunta: ¿Has depuesto todos tus deseos y días por otro? Sin afán sin premio ni mejillas sonrojadas por la cachetada, puro y simple sacrificio. Si es así, entonces podrás tener locura, puede que veas belleza allí donde otros no, y si sigues aun más lejos es probable que escribas una línea honesta, y si vas hasta el fondo, quizá hagas un poema.


3 comentarios:
Maravilloso. Cada vez te amo más, loco. Esos pensamientos sólo vienen en el campo. O en el mar. Aquí en la ciudad, como tu dijiste una vez, una llega incluso a creer que no hay espíritu.
Te pediría matrimonio pero ya estás comprometido.
Un gran abrazo de admiración y de amor.
El amor nos va a salvar.
Amén por mí.
Sólo volví a entrar para leer la parte de la honestidad. Me dan ganas de echarme a llorar aquí mismo.
Un abrazo.
Alonso, gracias por la invitación, lamento mucho, de verdad, no haber podido asistir; estaba pendiente por lo que había visto en blog el turista pero no me fue posible. En todo caso, felicitaciones y espero leer tu obra prontamente. Saludos.
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